Autos clásicos

Ford Grand Marquis, la historia del auto de lujo por excelencia de México ¡Pipiripau!

De nombre europeo, de origen estadounidense, pero sólo en México, este auto gozo de estatus sin igual.

Ford Grand Marquis, la historia del auto de lujo por excelencia de México ¡Pipiripau!

"Y yo soy el pipiripau,

Y aunque no soy muy carita,

A de ser por mi sabor

Mi chiquitica que me dicen tu guayabita…

…Y yo no tengo un carro del año,

Mucho menos un Gran Marquis,

Muy apenas un Volkswagen

Y lo compré para ti…"

No hay mejor manera de iniciar este artículo, que con esta canción que Los Plebeyos hicieron famosa allá en 1983. Un himno, que los más jóvenes no tendrán en el radar, pero que sus padres y abuelos, cantaron a todo pulmón.

Puede sonar una exageración, pero para los amantes de los autos, la estrofa de apertura, nos explica mucho de como era el parque vehicular de aquel entonces, al hacer una comparación entre el auto más accesible del país y por el otro, del más deseado, de ese, que sólo adinerados empresarios o políticos podían darse el gusto de tener, por supuesto que me refiero al señorial Ford Grand Marquis, el protagonista de El Retrovisor de Autocosmos de esta ocasión.

UN ICONO, DE LA GLORIA AL OCASO

Un marqués (marquis en inglés), es un título de la nobleza europea que se originó con los francos. Básicamente, su posición es superior a la del conde e inferior a la del duque. Un marqués tenía a su cargo la defensa y administración de una marca (territorio) ubicada en la frontera. Sin duda, el marqués de Sade fue el más famoso de todos.

En la historia ha habido muchos marqueses, como el Mercury Marquis nacido allá en 1967. Sin embargo, este ya de por sí aristocrático modelo, comenzó a prepararse para subir de título, cuando en 1975 introdujo el acabado Grand Marquis, el más lujoso del Marquis Brougham.   

Básicamente, el Marquis, es la versión de Mercury del Ford LTD, con el que comparte elementos mecánicos. Incluso la estética es muy similar, diferenciándose por pequeños detalles estéticos y de equipamiento, como parrilla, rines, y calaveras.  

Cuando en 1979 Ford presenta la tercera generación del LTD basada en la plataforma Panther, Mercury hace lo propio con el Marquis. En 1983, se presenta una nueva generación, que, a diferencia del pasado, era mucho más pequeña, ya que ahora se basaba en la arquitectura Fox.

Sin embargo, esto no significó la muerte del Panther, ya que aprovechando que el Marquis, se había hecho chico, Mercury decidió darle un toque se separación al nombrarlo Grand Marquis. Y con ello, oficialmente aparece la primera generación del este imponente y señorial modelo.

Básicamente, se trata del mismo modelo de 1979, sólo que, aprovechando el cambio de nombre a uno más rimbombante, Mercury aprovechó para darle una pequeña actualización estética la cual remozó la parrilla y calaveras de forma ligera.

En 1988 y ya con casi 10 años de carrera, el Grand Marquis recibe un nuevo facelift donde recibe fascias de nueva manufactura, mejor integradas a la carrocería. Al mismo tiempo, las defensas de acero fueron sustituidas por unas de aluminio. Esto con el fin de ahorrar un poco de peso.

Esta generación se mantuvo en las líneas de producción hasta 1991 y en total, desde 1983 comercializó 987,818 unidades en Estados Unidos y Canadá.  Dependiendo, de la versión, las motorizaciones podían ser un par de motores de ocho cilindros Windsor. El menos potente era un 302 cu que al inicio ofrecía 130 Hp, para al fin alcanzar los 155 caballos.

La opción de más potencia correspondía al 351 cu con 180 Hp y 285 lb-pie de torque. Sin importar el caso, la transmisión era una automática de cuatro velocidades que trasladaba la potencia a las ruedas traseras. Y sí, el confort, era prioridad en este modelo. Literalmente, a bordo de este auto podías viajar como todo un marqués.

Su posicionamiento en el catálogo de la firma del óvalo azul, se encontraba justo en medio del Ford Crown Victoria y del Lincoln Town Car. En 1992 recibió una nueva generación, que, aunque conservaba la plataforma, evolucionaba en todos los sentidos. A partir de ahora, el motor base era el entonces novísimo V8 modular de 4.6 Litros.

En 1998 y 2003, aparecen la tercera y cuarta generación del Grand Marquis. Aunque en realidad, no eran otra cosa que la actualización de aquel modelo nacido en 1992. Y sí, en Grand Marquis, junto con sus hermanos fue presa de su propio éxito, ya que, al ser un automóvil altamente popular entre las flotillas y cuerpos policiales por su gran fiabilidad mecánica, terminó extendiendo su vida comercial más allá de lo establecido.

Incluso, en sus últimos años de vida y ya muy cansado, el Grand Marquis se negaba a partir, por lo que todavía hubo tiempo de conocer algunas versiones realmente impotentes como el Marauder de 2003, el cual era impulsado por un V8 de 4.6 Litros capaz de entregar 302 Hp y 318 lb-pie de par. Básicamente, podría decirse que era la versión civil de los Interceptor de los cuerpos policiales estadounidenses.

De forma curiosa, en 2007 Ford presentó el Police Interceptor, un enorme sedán basado en la plataforma del Mustang de quinta generación, el cual fue un intento muy cercano para tratar de renovar a los sedanes grandes de Ford, Lincoln y por supuesto Mercury. Aunque hubo mucho entusiasmo, al final, el proyecto no se concretó y el Grand Marquis y los otros Panther tuvieron que esperar por una lenta y deshonrosa muerte. El rey, el último sedán orgullo de Detroit, estaba en agonía.

Básicamente, tal y como el Tsuru en México, este automóvil que en algún momento llego a ser sinónimo de superioridad, fue quedando rezagado, pasando de la gloria al ocaso. El glorioso Grand Marquis, de hecho, fue el último automóvil fabricado por Mercury en 2011 ¡El rey ha muerto! ¡Gloria al rey!

EL NOBLE AMERICANO QUE CONQUISTÓ MEXICO

En México, debido a las condiciones del mercado tan particulares provocadas por el decreto automotriz que estuvo vigente de 1963 a 1990, la historia del Grand Marquis es ligeramente diferente e incluso, podría decirse que está todavía más ligada a la del Ford LTD.

Durante los sesenta y setenta Ford se hizo de una magnífica reputación en el mercado mexicano. Sobre todo, en el segmento de lujo, donde los Galaxie y LTD fueron conocidos como los autos más lujosos y refinados disponibles en nuestro país. Sólo hay que recordar la película Roma, donde se refleja como estos gigantones, eran los autos del momento. Si eras un médico exitoso, un político o una estrella del espectáculo tenías que trasladarte en uno de estos autos.

La historia que nos atañe comienza en 1979, cuando Ford introduce la tercera generación del LTD, misma que para el mercado local se produjo en la planta de Ford Cuautitlán en el Estado de México. Durante los primeros años, continua con el legado de ser un automóvil señorial, con todo el lujo estadounidense.

Sin embargo, en una jugada muy interesante, Ford lo sustituye en 1982 por el Grand Marquis, que, como curiosidad, aquí se olvida del nombre de Mercury, para venderse como la auto insignia de la firma. De hecho, la publicidad de la época lo anunciaba como “El gran orgullo de Ford”

El Ford Grand Marquis de 5.31 m de largo se distinguía por su imagen lujosa, imponente, soberbia. Estaba disponible en los formatos de sedán de dos y cuatro puertas, así como una station wagon Country Squire. Entre los elementos más destacados de equipamiento podemos mencionar elementos como dirección hidráulica, vidrios y seguros eléctricos, aire acondicionado, vestiduras en piel, radio AM/FM con casete, así como rines de 15 pulgadas.  Todos estos elementos, hoy son poco menos que comunes, pero en aquel entonces, eran una novedad tecnológica.

En el apartado mecánico había unas cuantas particularidades con respecto a su contraparte estadounidense. Para empezar el Grand Marquis sólo estuvo disponible con un motor de ocho cilindros de 5.8 Litros (351 cu) que se acoplaba a una transmisión automática de sólo tres velocidades. La potencia bruta anunciada por Ford era de 182 Hp, mientras que la neta se quedaba en 163 caballos de fuerza. Potencia apenas suficiente para mover una mole de 2,180 kg para la versión de dos puertas y de 2,211 kg para el de cuatro.

Como era de esperar, el consumo de combustible era realmente elevado, ya que conforme a los datos de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (SECOFI) entregaba una eficiencia combinada de 7.10 km/l para el sedán (sin importar el número de puertas) y de 7.00 km/l para el guayín. Para satisfacer la demanda de gasolina nova de estas verdaderas lanchas del asfalto se requería un enorme tanque de gasolina, en este caso de 76 litros.

La vida comercial del Gran Marquis fue realmente corta, ya que debido a un decreto que prohibía los motores de ocho cilindros sólo estuvo disponible hasta 1984. Sin embargo, sólo esos dos años que estuvo oficialmente a la venta en México bastaron para que se convirtiera en una leyenda entrañable y símbolo de lujo que ha perdurado a través de los años.  Incluso, se ha convertido en parte nuestra identidad.

No sólo por la canción de apertura de este artículo. En realidad, el Grand Marquis es todo un suceso de la cultura popular mexicana. Sólo has recuento y tiene el título honorífico de ser el coprotagonista de las películas de Mario Almada, y de prácticamente todos los filmes de los ochenta (sobre todo los policiales). Incluso en tiempos más recientes, ha tenido su momento de gloria en filmes como Amores Perros (2000) o la hollywoodense Man on Fire (2004) filmada en México.

Por cierto, para 1985, el Ford Grand Marquis sería sustituido de forma indirecta en México por el Cougar, también de procedencia Mercury. Tras algunos años de ausencia, este auto regresaría a nuestro país en 1992 con el fin de reclamar lo que fue suyo algún día. Si bien, estuvo a la venta hasta inicios del nuevo milenio y aunque gozó de una buena popularidad, sus sucesores no lograron causar el mismo impacto del modelo original.

Probablemente, esto se deba a un contexto diferente en el que además de ser importado, tenía que enfrentarse contra alternativas premium provenientes de Europa. El marqués de México, perdió su influencia, pero en cambio, forjó una leyenda que perdura hasta nuestros días.

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