La disputa entre Ford y la administración de Donald Trump escaló después de que el fabricante estadounidense respondiera públicamente a las críticas del secretario de Transporte, Sean Duffy, quien cuestionó los vínculos de la compañía con empresas chinas como CATL, Geely y BYD.
En una carta enviada al CEO de Ford, Jim Farley, Duffy expresó su preocupación por la dependencia tecnológica y comercial de China y pidió a la compañía reconsiderar estas relaciones por motivos de seguridad nacional. Entre los puntos señalados están el uso de tecnología de CATL en una planta de baterías en Michigan, la alianza con Geely y la producción en China del Lincoln Nautilus.
Ford respondió con dureza y calificó la carta como un intento equivocado de generar titulares. La empresa aseguró que es el fabricante de automóviles más estadounidense en términos de producción, empleos manufactureros por hora y exportaciones de vehículos desde Estados Unidos.
Uno de los principales argumentos de Ford es su proyecto BlueOval Battery Park Michigan, en Marshall, donde invierte 3,000 millones de dólares y prevé generar aproximadamente 1,700 empleos. La compañía destacó que la planta es propiedad de Ford, será operada por Ford y empleará trabajadores estadounidenses.

La empresa también aclaró su relación con CATL. Según Ford, no se trata de una empresa conjunta ni de una operación de manufactura propiedad de una compañía china, sino de un acuerdo limitado de licencia tecnológica y servicios. La postura busca responder directamente a una de las principales preocupaciones expresadas por Duffy.
Además, Ford rechazó haber propuesto el esquema de empresa conjunta que menciona la carta del secretario de Transporte.
El caso del Lincoln Nautilus también forma parte de la disputa. Ford mantiene actualmente su producción en China, aunque anunció que trasladará la fabricación destinada al mercado estadounidense a su territorio para 2030. La Casa Blanca había presentado esta decisión como una muestra de que su política comercial está llevando empleos de manufactura de regreso a Estados Unidos.
Ford también enfrenta cuestionamientos por su acuerdo con Geely en Valencia, España, donde ambas compañías planean producir vehículos electrificados. Washington considera que estas alianzas pueden incrementar la dependencia tecnológica de un competidor estratégico.
Ford asegura que comparte el objetivo de fortalecer la manufactura estadounidense y sostiene que sus inversiones demuestran ese compromiso. La compañía incluso señaló que habría estado dispuesta a explicar directamente sus proyectos a Duffy antes de que el funcionario hiciera pública su carta.
Hoy se vive una tensión cada vez mayor entre la política industrial de Estados Unidos y la necesidad de los fabricantes de utilizar tecnología y cadenas de suministro globales para competir en el mercado automotriz.