La relación comercial entre Estados Unidos y Canadá vuelve a tensarse y ahora la industria automotriz está en el centro de la disputa. Donald Trump amenazó con elevar al 50% los aranceles para todos los autos, camionetas y autopartes provenientes de Canadá a partir del 1 de enero.
La advertencia llegó después de que las negociaciones comerciales entre ambos países se rompieran durante el fin de semana. El acuerdo que estaba sobre la mesa contemplaba reducir de 25% a 15% el arancel estadounidense para autos y camionetas ligeras fabricados en Canadá, mientras que los impuestos al acero y aluminio bajarían de 50% a 25%.
Sin embargo, uno de los puntos que provocó el fracaso de las conversaciones fue el alcance de las posibles reducciones para camiones medianos y pesados.

Trump volvió a presionar a los fabricantes para producir dentro de Estados Unidos y aseguró que los vehículos fabricados ahí no pagarían aranceles. También cuestionó la relación comercial con su vecino del norte y afirmó que Estados Unidos no necesita a Canadá.
El problema es que la industria automotriz de ambos países está profundamente integrada. Las cadenas de suministro cruzan la frontera constantemente y una parte fabricada en Canadá puede terminar instalada en un vehículo producido en Estados Unidos. Flavio Volpe, presidente de la Automotive Parts Manufacturers’ Association de Canadá, advirtió que un arancel de esta magnitud terminaría siendo pagado por las propias plantas estadounidenses y podría detener líneas de producción ante la falta de componentes.
El gobierno canadiense ya prepara una respuesta. El primer ministro Mark Carney calificó la situación como una guerra comercial después de que Estados Unidos impusiera nuevos gravámenes y anunció medidas de represalia que comenzarán el 8 de septiembre sobre productos estadounidenses.
El conflicto llega además en un momento de cambios importantes para la industria canadiense. El gobierno de Carney acaba de poner fin al Electric Vehicle Availability Standard, que establecía objetivos obligatorios de ventas de vehículos de cero emisiones. La nueva estrategia sustituye ese mecanismo por normas de emisiones más estrictas y tecnológicamente neutrales para los modelos de 2027 a 2032.

Esto no significa que Canadá haya abandonado los vehículos eléctricos. El país mantiene un programa de incentivos de hasta 5,000 dólares canadienses para vehículos eléctricos y de hasta 2,500 para híbridos enchufables.
Canadá intenta proteger empleos y producción local en una industria que depende en gran medida del mercado estadounidense. Para fabricantes y proveedores, un arancel de 50% podría traducirse en mayores costos, modificaciones a las cadenas de suministro y nuevas presiones sobre una industria que, en Norteamérica, funciona prácticamente como una sola.