La relación entre Ford y varias empresas chinas volvió a colocarse en el centro del debate político en Estados Unidos. La administración de Donald Trump lanzó este martes una dura crítica contra las alianzas del fabricante estadounidense con compañías como CATL, Geely y BYD, al considerar que podrían representar riesgos para la seguridad nacional.
El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, envió una carta al CEO de Ford, Jim Farley, en la que expresó una “profunda preocupación” por la dependencia tecnológica y comercial que la compañía mantiene con algunos de los principales actores de la industria automotriz china.
Uno de los principales puntos de conflicto es la planta que Ford desarrolla en Marshall, Michigan. El proyecto utilizará tecnología licenciada de CATL, uno de los mayores fabricantes de baterías del mundo. Para Duffy, esta relación resulta particularmente preocupante debido a que CATL figura en una lista del Pentágono de empresas señaladas por presuntos vínculos con el ejército chino.

Ford, sin embargo, rechazó las críticas y aseguró que la carta de Duffy es un intento equivocado de generar titulares. La compañía defendió su estrategia argumentando que, mientras otros fabricantes continúan importando baterías fabricadas en China, Ford está invirtiendo en producirlas dentro de Estados Unidos.
La empresa también subrayó que es propietaria de la planta de Michigan, controla su operación y empleará directamente a la fuerza laboral estadounidense.
Otro punto cuestionado por el Departamento de Transporte es la producción del Lincoln Nautilus. Ford decidió mantener la fabricación del SUV en China y no trasladarla a Estados Unidos hasta 2030, una decisión que, según la administración Trump, prolongará la dependencia de la compañía respecto a la manufactura china.
Las críticas también alcanzan la relación entre Ford y Geely. El acuerdo ya había generado cuestionamientos en julio, cuando el representante John Moolenaar, presidente del comité especial de la Cámara de Representantes sobre China, aseguró que una alianza de este tipo podría fortalecer aún más la presencia de las compañías chinas en los mercados internacionales.
Donald Trump tiene previsto reunirse con el presidente chino Xi Jinping este mes, mientras el Congreso estadounidense analiza endurecer las restricciones para impedir la llegada de vehículos fabricados por empresas chinas al mercado estadounidense.
La situación de Ford es la de defender su estrategia industrial global mientras Washington incrementa la presión para reducir cualquier dependencia tecnológica y productiva de China.