El Apollo Evo por fin dejó de ser una promesa y se convirtió en realidad. El hipercoche más radical de la firma, heredera espiritual de Gumpert, llega a producción en una tirada ultralimitada de apenas diez unidades, con un precio cercano a los 3 millones de libras. No es un auto para la calle, no pretende ser cómodo ni tecnológico en el sentido moderno, y tampoco quiere agradar a todo el mundo. Su misión es otra: recordarnos que todavía existen fabricantes dispuestos a priorizar la conducción pura sobre la conveniencia.
En un contexto donde muchos hiperdeportivos se han transformado en gran turismos extremadamente rápidos, el Apollo Evo toma el camino opuesto. Su diseño es agresivo, exagerado y sin concesiones. Cada alerón, toma de aire y superficie aerodinámica tiene una función clara, y no está ahí para sumar likes en redes sociales. Es un coche que se ve rápido incluso detenido.

El corazón del Evo es uno de sus mayores manifiestos. Bajo la carrocería vive un V12 atmosférico de 6.3 litros construido por Ferrari, capaz de entregar 800 caballos de fuerza y girar con una rabia que parece desafiar directamente a las normas de emisiones. No hay electrificación, no hay asistencia híbrida, solo combustión pura transmitida a través de una caja secuencial de seis velocidades. Nada de doble embrague ni pantallas táctiles dominando la experiencia, pues Apollo quiere que esto se sienta como un auto de carreras, no como un gadget con ruedas.
El peso es otro factor clave. Con apenas 1,300 kg, el Evo es notablemente más ligero que la mayoría de los hipercars actuales. Logra el 0 a 100 km/h en 2.7 segundos y una velocidad máxima de 335 km/h, pero lo verdaderamente relevante ocurre vuelta tras vuelta en pista. Este auto está diseñado para rodar al límite sin pausas, sin sobrecalentamientos y sin excusas.
El chasis y la aerodinámica refuerzan ese enfoque extremo. Frenos cerámicos, neumáticos Michelin Cup 2 R y cifras de carga aerodinámica casi absurdas: a alta velocidad, el alerón trasero genera más carga que el propio peso del vehículo. Por dentro, el ambiente es funcional. Hay aire acondicionado y ergonomía bien pensada, porque incluso los más fanáticos del track day agradecen terminar el día con la espalda intacta.