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Mercedes-Benz W 123: historia, innovación y lujo sin ostentación

El Mercedes-Benz W 123 marcó una era con seguridad, calidad y fiabilidad. Un clásico atemporal que sigue vigente décadas después.

Mercedes-Benz W 123: historia, innovación y lujo sin ostentación

Desde su presentación ante la prensa en enero de 1976 en Bandol, al sur de Francia, el Mercedes-Benz W 123 dejó claro que estaba destinado a convertirse en un referente. Incluso antes de su lanzamiento oficial al mercado, la producción correspondiente a su primer año ya estaba completamente agotada, una señal inequívoca de la confianza que inspiró desde el inicio. La prensa destacó de inmediato sus elevados niveles de seguridad activa y pasiva, integrados en un diseño equilibrado y atemporal. Como predecesor directo de la actual Clase E, este modelo representó de forma ejemplar los valores fundamentales de la firma: solidez, calidad y elegancia sin ostentación, cualidades que hoy explican su enorme popularidad como clásico dentro y fuera de Alemania.

Además, tomó numerosos elementos conceptuales y técnicos de la Clase S de la época, el W 116, incluyendo acabados de alta calidad, una suspensión cuidadosamente ajustada, un amplio espacio interior y soluciones de seguridad avanzadas para su segmento. Entre ellas se encontraban una nueva columna de dirección de seguridad y hebillas de cinturón montadas directamente en los asientos. A partir de 1980, se incorporó el sistema de frenos antibloqueo ABS, y desde 1982 ofreció airbag para el conductor, reforzando su posición como una de las berlinas más seguras de su tiempo.

Mercedes-Benz W 123

La crítica especializada respondió favorablemente. En su edición 3/1976, la revista Auto Motor und Sport calificó al W 123 como una “evolución a la medida”, concluyendo que Mercedes-Benz había superado claramente la media del segmento. El análisis destacó el progreso equilibrado, el desarrollo técnico específico y el compromiso inquebrantable con la calidad como pilares de su éxito.

A partir de 1976, definió la imagen de la armadora alemana en las carreteras y se convirtió en un símbolo de la cultura automovilística de su país natal. Con el paso de los años, evolucionó de éxito comercial a clásico moderno y finalmente a un clásico consolidado. La serie ofreció una amplia variedad de carrocerías que ampliaron su atractivo, incluyendo el Coupé C 123 en 1977, el T-Model S 123 —que redefinió el concepto de vehículo familiar con un enfoque en ocio y deporte—, así como versiones de batalla larga y chasis especiales.

Mercedes-Benz W 123

Hasta el final de su producción en 1986, la serie alcanzó casi 2.7 millones de unidades fabricadas, convirtiéndose en la más exitosa de la marca hasta ese momento. De ellas, más de 2.3 millones fueron berlinas. El 240 D sedán fue el modelo más producido, mientras que el 280 C Coupé se consolidó como el más exclusivo y escaso.

Diseñado desde su origen para ofrecer durabilidad y facilidad de mantenimiento, el W 123 mantiene hasta hoy altos valores de reventa y una notable presencia en circulación. Mercedes-Benz Classic respalda esta vigencia con una amplia oferta de refacciones originales fabricadas bajo especificaciones de origen y disponibles a nivel mundial, lo que permite conservar estos vehículos en condiciones seguras y confiables.

La gama mecánica fue otro de sus grandes atributos, desde el popular 200 D hasta el 300 D Turbodiésel y el refinado 280 E de seis cilindros en línea. En 1977, demostró su resistencia al imponerse en el rally Londres–Sídney, recorriendo 30,000 kilómetros sin fallos. Además, en 1982 Mercedes-Benz ya experimentaba con motores bivalentes, hidrógeno y propulsión eléctrica, confirmando que el W 123 no solo fue un ícono del pasado, sino también un adelanto del futuro.

Mercedes-Benz W 123

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