México confía en que las negociaciones comerciales con Estados Unidos permitan reducir la presión arancelaria sobre el acero y los automóviles, sectores clave para la industria y las cadenas de Norteamérica.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha planteado a Washington la necesidad de encontrar una solución para los aranceles que afectan al acero y al sector automotor. A principios de septiembre, Ebrard se reunió con el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, para abordar estos temas. Reuters reportó que México considera que las medidas sobre acero y aluminio no están justificadas y que las disposiciones para vehículos afectan cadenas productivas integradas.
Sin embargo, no existe un acuerdo. La cuarta ronda de negociaciones fue pospuesta y podría retomarse en octubre, aunque los equipos técnicos de ambos países siguen coordinados. Washington discute asuntos como el contenido regional de los vehículos, la seguridad económica y la participación de capital asiático en México.

El acero es relevante porque Estados Unidos mantiene un esquema arancelario elevado. Una proclamación emitida en junio establece una tasa adicional de 25% para determinados productos de acero y aluminio de México y Canadá que cumplen con el T-MEC, aplicada al contenido no estadounidense, aunque con un piso efectivo de 15% para los productos cubiertos. La estructura cambia según el producto y su origen, por lo que una reducción tendría que especificar qué mercancías quedarían beneficiadas.
En el sector automotor, la discusión va más allá de reducir una tasa. Estados Unidos ha buscado endurecer las reglas de origen del T-MEC. Entre las propuestas reportadas está elevar el contenido norteamericano requerido de 75% a 82% y exigir que al menos la mitad corresponda a componentes estadounidenses. Para las automotrices mexicanas, esto podría modificar costos, proveedores y rutas de abastecimiento.
La experiencia de anteriores disputas comerciales muestra que un alivio arancelario no necesariamente significa eliminar las restricciones. Washington puede recurrir a cuotas, cupos arancelarios, reglas de contenido o mecanismos de revisión para limitar el volumen beneficiado.
Por eso, el punto clave será conocer el acuerdo final. México busca una reducción que dé mayor certidumbre a fabricantes y exportadores, mientras Estados Unidos mantiene como prioridad aumentar la producción regional y reducir la dependencia de proveedores externos.
Hasta ahora, la expectativa mexicana es eso, una expectativa. La confirmación tendrá que llegar mediante un acuerdo formal y las reglas de aplicación.