En agosto pasado, unas fotos espía de un modelo camuflado circulando por China adelantaron la llegada de un proyecto totalmente nuevo para Jaguar Land Rover: el Freelander. Lo que en un inicio parecía el regreso de un nombre conocido, pronto se confirmó como algo más ambicioso: el nacimiento de una nueva marca de SUV eléctricos, desarrollada en conjunto con el Grupo Chery, retomando la denominación de un modelo icónico de Land Rover.
Este movimiento responde a la evolución del joint venture CJLR, firmado en 2012 y con planta operando en Suzhou desde 2014, cuya producción de modelos Jaguar y Land Rover finalizará en 2026. Para extender la vida del acuerdo industrial, ambas compañías optaron por desarrollar nuevos productos, transformando al Freelander de un todoterreno ya discontinuado en una submarca enfocada en la electrificación.

Las novedades más recientes indican que Freelander debutará este mismo año, pero fuera de China. Los primeros mercados confirmados serán los de Medio Oriente, lo que marca un cambio importante en la estrategia, ya que la marca dejará de ser exclusiva del mercado chino. Incluso, no se descarta su llegada a otros mercados internacionales, incluidos algunos de Latinoamérica, como parte de la reorganización global de Jaguar Land Rover.
El primer modelo de Freelander será un SUV de gran tamaño, con aproximadamente 5.1 metros de largo, tres filas de asientos y una clara orientación familiar y tecnológica. Este vehículo utilizará las plataformas modulares y sistemas eléctricos de Exeed, específicamente la arquitectura E0X, ya conocida en modelos como Exlantix ET y ES, así como en los Luxeed S7 y R7.
En cuanto a la mecánica, el SUV de Freelander contará con versiones 100% eléctricas (BEV) y eléctricas de rango extendido (EREV), con potencias que podrían alcanzar hasta 550 hp, tracción integral y suspensión neumática. Con esta propuesta, la nueva marca apunta a competir en el segmento de los SUV eléctricos premium, combinando tamaño, tecnología y prestaciones.