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Motor de arranque: Cuando un Versa puede ser mejor que una Tacoma

Un auto chocolate representa riesgos por muchos motivos; seguridad, emisiones, potenciales costos de reparación, etc.

Motor de arranque: Cuando un Versa puede ser mejor que una Tacoma

Desde hace cerca de 20 años, la industria automotriz mexicana ha vivido bajo una dieta muy estricta: poco chocolate. Como todos saben, los autos importados ilegalmente de Estados Unidos son llamados “chocolates”, derivativo de la palabra “chuecos”. Esa importación ilegal que tanto daño ha hecho en el pasado, principalmente en los gobiernos del PRI y en el de Vicente Fox, volvió a representar una amenaza con las declaraciones del Presidente Andrés Manuel López Obrador a favor de la legalización de los autos importados de manera irregular que ya están en el país. ¿Por qué legalizarlos es malo? ¿Le afecta realmente a la gente o es solo una reclamación de una industria que ante muchos ojos parece demasiado favorecida?

Ante el que no acompaña el mundo de los automóviles y su industria, pudiera parecer que esa medida ayuda al que menos tiene a conseguir un vehículo que de otra manera no podría tener. Puede sonar hasta justa. Desafortunadamente es todo lo contrario. El primer punto en contra de ese argumento es que cualquier cosa que necesita ser regularizada, es porque está irregular. Una mercancía que entra de manera irregular a un país se llama contrabando. El segundo punto es que se pueden importar autos usados a México de forma legal, pasando por inspecciones físico-mecánicas y pagando los debidos impuestos aduaneros. Pero se importan de manera irregular a esos autos porque son más baratos y son más baratos porque ya son considerados basura en el vecino del norte, autos que sufrieron un daño tan grave que costaría más caro repararlo que su valor en el mercado. Claro, eso con mano de obra estadounidense y una reparación hecha para conseguir que la unidad pudiera conseguir circular otra vez, pasar verificación e inspección física. Como en México tenemos reglas, digamos, más laxas y un costo de mano de obra muchas veces menor, la ecuación pasa a tener sentido, comienza a ser negocio.

Negocio de pocos

Claro que la industria automotriz reclama de una posible regularización de los “chocolates”. El hecho baja las ventas de autos nuevos. Muchos dicen que el que compra un chocolate no es cliente de uno nuevo pero entre 2013 y 2016, cuando tuvimos los mejores años de la industria, fue justo en el periodo donde las fronteras estuvieron más cerradas. Es que muchos en lugar de pagar 280 mil pesos por un Nissan Versa 2021 nuevo y con garantía, prefieren pagar lo mismo o hasta un poco más por una Honda Toyota Tacoma 2009 ó 2010, importada ilegalmente. El detalle es que lo barato, para variar, puede salir muy caro. Probablemente esa Tacoma haya sido recuperada de un choque en el que fue declarada pérdida total o haya sufrido una inundación y sea un vehículo de los llamados “savage”, que puede dar muchos problemas con llantas, catalizadores y principalmente, con la electrónica. Y el cliente incauto piensa que está comprando un auto mejor y más seguro, cuando puede ser todo lo contrario, será más contaminante y probablemente no funcionen equipos como el control de estabilidad o las bolsas de aire.

En las grandes ciudades, los importados ilegales no se perciben mucho, es en las medianas y chicas donde el fenómeno es más fuerte. Justo ahí, donde la gente (en promedio) tiene menos capacidad adquisitiva y con frecuencia menos acceso a la información, llegan esos autos, que a largo plazo pueden salir más caros que adquirir un nuevo o seminuevo vendido inicialmente en México.

No estoy hablando solo de la posible pérdida de empleos e inversiones en una industria que representa 3.4% del Producto Interno Bruto de México y 18.7% del PIB manufacturero, más importante que esto, representa dos millones de empleos directos en sus fábricas y eslabones de producción, estoy hablando también de las finanzas personales de los que menos tienen. El precio de los seminuevos será afectado por el aumento de la oferta de esos chocolates en el mercado.

Sí, hay casos donde vale la pena comprar un usado importado de Estados Unidos, principalmente si éstos vienen del sur del país vecino, donde las inclemencias del clima no les pega tanto como en el norte. Por las mejores condiciones de las vías, por la mayor cultura de mantenimiento de los vecinos del norte y su mayor poder adquisitivo para hacerlo, un auto con cinco años de uso en EUA probablemente esté en mejores condiciones que uno usado aquí. Pero esto está bien de forma individual, legal y medida, pero comprar un auto importado ilegalmente es correr el riesgo de que tu Tacoma salga peor que un simple Versa. Y eso, igual que la idea se regularizarlos, no me suena nada lógico.

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