La industria automotriz está acelerando un cambio que podría transformar la forma en que se fabrican los vehículos eléctricos e híbridos. Ferrari y BMW se han sumado a Tesla y varios fabricantes chinos en la adopción de cableado de aluminio, un material más ligero y considerablemente más económico que el cobre, utilizado durante más de dos siglos en sistemas eléctricos.
La tendencia responde al aumento sostenido del precio del cobre, una creciente escasez mundial de este metal y una demanda cada vez mayor impulsada por sectores como las energías renovables, los centros de datos y la electrificación del transporte.
De acuerdo con información de Reuters, Ferrari comenzó a utilizar cables de aluminio en su deportivo híbrido 296 durante 2025 y posteriormente extendió la tecnología a otros modelos, incluido el nuevo Luce, su primer vehículo totalmente eléctrico. La marca italiana asegura que el cambio permite reducir hasta 20% el peso total del cableado.

BMW, por su parte, inició el uso de conductores de aluminio desde 2011 en algunos modelos compactos y actualmente emplea una gran cantidad de este material en los sistemas eléctricos de alto y bajo voltaje de su más reciente generación de vehículos eléctricos eDrive.
Mientras el cobre alcanzó precios cercanos a los 15,000 dólares por tonelada a principios de este año, el aluminio ronda los 3,100 dólares por tonelada, aproximadamente una cuarta parte de su costo. Esto equivale a unos 282,000 pesos por tonelada de cobre frente a alrededor de 58,000 pesos por tonelada de aluminio.
En un vehículo eléctrico, cada kilogramo cuenta. Un sistema de cableado más ligero puede contribuir a mejorar la autonomía, reducir el consumo energético y compensar parte del peso adicional de las baterías. Además, menores costos de producción podrían ayudar a contener los precios de los vehículos en un mercado cada vez más competitivo.
Sin embargo, el aluminio no reemplazará completamente al cobre. Aunque ofrece ventajas en peso y costo, el cobre mantiene una mejor conductividad eléctrica y sigue siendo la opción preferida para aplicaciones donde el desempeño es crítico.
A medida que el cobre continúe encareciéndose, cada vez más fabricantes buscarán en el aluminio una alternativa viable para mantener la rentabilidad sin comprometer la eficiencia de sus vehículos eléctricos.