La industria automotriz en México vive un momento de contrastes debido a que mientras las exportaciones de vehículos ligeros alcanzan cifras récord, gran parte de la cadena de suministro enfrenta problemas de liquidez y financiamiento, especialmente entre las PyMEs proveedoras que sostienen la producción nacional.
De acuerdo con datos del Registro Administrativo de la Industria Automotriz de Vehículos Ligeros (RAIAVL) publicado por INEGI, entre enero y abril de este año, nuestro país exportó 1,081,948 vehículos ligeros de las 1,299,157 unidades producidas, lo que representa un crecimiento de 4.7% frente al mismo periodo del año pasado. Tan solo en el cuarto mes del año, la producción subió 2.1%, las exportaciones avanzaron 11.4% y las ventas crecieron 8.6%, confirmando al segmento ligero como el principal motor de la industria automotriz nacional.
Sin embargo, el panorama cambia por completo en el segmento de vehículos pesados ya que en los primeros cuatro meses del año se exportaron apenas 33,592 unidades de las 41,071 fabricadas, reflejando una caída de 22% en producción y de 21.5% en exportaciones comparado con este mismo periodo en 2025.
Para especialistas del sector, esta diferencia evidencia la presión que actualmente vive la cadena de suministro automotriz, donde fabricantes y proveedores deben responder a una alta demanda en vehículos ligeros mientras enfrentan la desaceleración del mercado de pesados y largos periodos de pago que pueden extenderse hasta 180 días.

A esto se suma el entorno comercial incierto derivado de la revisión del T-MEC y los cambios arancelarios en Estados Unidos. Aunque el gobierno estadounidense redujo los aranceles aplicados a vehículos y autopartes mexicanas de 25% a un promedio cercano al 15%, el impacto financiero sigue afectando a la industria.
Actualmente, 76% de los vehículos ligeros y 92.4% de los pesados producidos en México tienen como destino el mercado estadounidense, lo que mantiene una fuerte dependencia comercial con Estados Unidos.
Martín Pustilnick, cofundador y CEO de MUNDI, señala que “El hecho de que México siga exportando más vehículos no significa necesariamente mejores condiciones para las empresas. Muchas compañías están absorbiendo costos que antes no existían y eso presiona directamente sus márgenes”.
Detrás del crecimiento récord en exportaciones existe una compleja red de proveedores Tier 2 y Tier 3, responsables de fabricar autopartes, materiales especializados y componentes clave para la producción automotriz. Estas empresas requieren acceso a financiamiento especializado, capital de trabajo y liquidez para mantener operaciones, cumplir estándares internacionales y sostener sus tiempos de entrega.
Expertos advierten que, sin herramientas financieras adecuadas, la presión podría convertirse en un obstáculo para el crecimiento de la industria automotriz mexicana.
Además, la revisión del T-MEC incrementa la exigencia para los fabricantes instalados en Norteamérica ya que el tratado establece que al menos el 75% del contenido de un vehículo debe ser de origen regional para evitar aranceles, además de exigir porcentajes específicos de manufactura realizada en Estados Unidos y Canadá.
Ante este escenario, el fortalecimiento de las PyMEs mexicanas será clave para incrementar el contenido nacional en vehículos y consolidar a México como uno de los hubs automotrices más importantes de América del Norte.
Según la plataforma fintech, el verdadero reto no será únicamente producir más vehículos, sino garantizar que toda la cadena de suministro tenga acceso a la liquidez necesaria para sostener el crecimiento y aprovechar las oportunidades que traerá la nueva etapa del T-MEC, ¿crees que se logre?