Por donde quiera que se le vea, lo que le pasó a SAAB es una tragedia, una legendaria marca sueca que en el año 2000 fue comprada por General Motors, para quedar al borde de la desaparición en la crisis mundial de 2008, luego fue vendida en 2010 a Spyker, firma holandesa que quebró al poco tiempo y finalmente llegó a manos de la compañía china NEVS (National Electric Vehicle Sweden), que también quebró (en 2014) dando fin en 2016 a una historia que databa de 1945.
Esta semana, la marca de Trollhättan volvió al foco público porque al fin se terminó de ejecutar el embargo total de los bienes que restaban de NEVS, incluyendo 7 unidades del SAAB 9-3, que estaban en la fábrica y que serán puestos a subasta en unos días.
El SAAB 9-3 es un sedán compacto que fue lanzado al mercado en 1998, utilizando una plataforma de General Motors, que tuvo una segunda generación en 2004, con un facelift en 2008, que le dio el rostro final con el que lo conocimos. Al ser un competidor directo de Volvo, presentaba materiales y elementos de lujo, así como motores turbocargados y un manejo excepcional.

Estas últimas 7 unidades acabaron en manos de la casa de subastas Klaravik, que las pondrá bajo el martillo entre el 21 y el 30 de mayo, primero con una subasta abierta en internet y el 30 de mayo con un evento especial en Trollhättan, justo como un homenaje a la historia de SAAB.
Estas unidades iniciarán las pujas desde 0, así que se las llevará quien más dinero ponga en la mesa por el auto. Como dato, en noviembre de 2019 se subastó el último 9-3 que se fabrico y se vendió en casi 48,000 dólares.
En este lote hay 3 unidades normales, es decir con motor de combustión, que son preproducciones de NEVS y se usaron durante un tiempo como transporte interno en la planta. Las otras cuatro unidades son más “exóticas”.

El primero que aparece es un prototipo de la versión 100% eléctrica, preproducción, que también servía como auto de servicio interno.
Hay otros dos NEVS 9-3 eléctricos, el primero cuenta con tracción integral, motores en cada rueda, así como mejoras en el chasis y el sistema de frenos, por su parte, el segundo estaba destinado a trabajos de desarrollo de la conducción autónoma, por ello cuenta con sistemas de mediciones y grabación, radares LiDAR, cámaras y sistema GPS.
El último 9-3 que estará bajo el martillo estaba destinado al desarrollo de la tecnología de rango extendido y es la única de todas las unidades que cuenta con una decoración mucho más cercana a la de una mula de pruebas.
El fin de SAAB