De acuerdo con información proveniente de Reuters, las empresas de la Unión Europea están mostrando una notable capacidad para absorber los aranceles impuestos por Estados Unidos, aunque siguen enfrentando un problema más complejo y persistente: vender dentro de su propio mercado común.
Un estudio del Banco Europeo de Inversiones (BEI), el mayor banco de inversión pública de Europa, revela que las compañías europeas han sabido adaptarse al aumento de tarifas estadounidenses sin impactos severos en su operación. El sondeo, realizado a unas 13,000 empresas entre abril y julio del año pasado, indica que el golpe de los aranceles ha sido, hasta ahora, manejable. En muchos casos, el costo se ha quedado del lado de los importadores estadounidenses, no de los exportadores europeos.
En julio pasado, Washington y Bruselas alcanzaron un acuerdo que fijó un arancel de importación de 15% para la mayoría de los productos europeos que ingresan a Estados Unidos. La cifra quedó lejos del escenario más agresivo que se había amenazado, pero también sepultó las aspiraciones europeas de un acuerdo de “cero por cero”. Aun así, las empresas de la UE reaccionaron mejor de lo previsto, incluso con menos preocupación que sus contrapartes estadounidenses.
Donde el panorama se complica es puertas adentro. El 62% de las compañías europeas reconoce tener dificultades para exportar a otros países del bloque debido a leyes nacionales distintas, regulaciones fragmentadas y criterios administrativos que cambian de frontera en frontera. En otras palabras, el mercado único sigue incompleto, especialmente en servicios e inversiones intangibles.
El propio informe del BEI apunta que eliminar estas barreras internas podría incrementar hasta en 10% la relación entre inversión y activos de las empresas, con beneficios aún mayores en áreas como innovación, digitalización y activos intangibles. No es un detalle menor en un momento en que la productividad se ha convertido en la gran obsesión europea.
De hecho, la encuesta muestra que las firmas de la UE ya están al nivel de las estadounidenses en adopción de inteligencia artificial, lo que refuerza su capacidad de adaptación tecnológica y su competitividad global.
Las conclusiones coinciden con estudios del Fondo Monetario Internacional, que estima que las barreras internas de la UE equivalen a un arancel de 44% para bienes y hasta 110% para servicios.