El autotransporte de carga por carretera movilizó 430.3 millones de toneladas de mercancías entre octubre de 2024 y junio de 2025, de acuerdo con datos oficiales del gobierno federal. Con esta cifra, se mantiene como el principal medio de traslado de bienes en México, pieza clave para la industria, el comercio y las cadenas de suministro nacionales.
En términos económicos, el sector representa alrededor de 4% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, según cifras del INEGI. No obstante, durante el primer trimestre de 2025 el PIB del autotransporte de carga creció apenas 0.64% anual, su menor avance en el último año, reflejando un entorno más complejo para una actividad que depende directamente del dinamismo industrial y del consumo interno.
A pesar de su relevancia, el mercado secundario de tractocamiones seminuevos continúa operando sin estándares técnicos homogéneos ni procesos de evaluación estandarizados. Esto implica riesgos operativos y financieros para transportistas y dueños de flota, especialmente cuando no existe claridad sobre el estado mecánico, estructural y de mantenimiento de las unidades.

Especialistas del sector (como Panamotors) advierten que la falta de diagnósticos técnicos profundos y de trazabilidad en las inversiones realizadas por unidad puede derivar en fallas prematuras, tiempos muertos y costos ocultos. En una industria donde cada día que un tractocamión permanece detenido impacta directamente en ingresos, productividad y cumplimiento logístico, estos factores se vuelven críticos.
Ante este panorama, se ha planteado la necesidad de fortalecer procesos técnicos estandarizados que incluyan revisiones mecánicas, estructurales y estéticas documentadas, además del análisis de variables como tipo de carga, rutas y condiciones de operación. La meta es reducir riesgos, mejorar la eficiencia operativa y elevar la competitividad de un sector que moviliza cientos de millones de toneladas al año y que sigue siendo uno de los pilares económicos del país.