Crear un concepto que resista el paso del tiempo es la prueba definitiva para cualquier diseñador. En Bugatti, esa idea no es una consigna reciente, sino un principio que ha guiado a la marca durante 116 años. El Tourbillon representa el siguiente capítulo de esa historia, y su interior es quizá la mejor síntesis entre legado, innovación y visión a largo plazo.
El habitáculo del Tourbillon no busca impresionar con excesos tecnológicos ni con grandes superficies digitales. Al contrario, se apoya en una lectura profunda de la herencia de la marca. Desde el primer vistazo, el interior envuelve a conductor y pasajero en un ambiente que remite a los grandes Bugatti del pasado, con materiales seleccionados no solo por su apariencia, sino por lo que transmiten al tacto y al uso cotidiano.

La clásica línea central y la icónica C-line, elementos clave del lenguaje de diseño de Bugatti, se reinterpretan dentro de la cabina para dividir el espacio en dos mundos bien definidos: uno para el conductor y otro para el acompañante. Esta arquitectura interior se refuerza con una división horizontal de colores y con una ampliación notable en la paleta de materiales. Cuero de alta calidad convive con tejidos desarrollados a medida, en una filosofía que la marca define como “car couture”, una traducción directa de la alta costura al universo automotriz.
Detrás de esta estética refinada hay un trabajo técnico igual de riguroso. Cada decisión de diseño tuvo que convivir con exigencias de seguridad, confort y desempeño, manteniendo intacta la idea original. El resultado es un interior donde forma e ingeniería avanzan en la misma dirección.
El concepto de atemporalidad, inspirado en la relojería que da nombre al Tourbillon, se expresa con claridad en la interfaz hombre-máquina. Bugatti optó por una experiencia deliberadamente analógica, reduciendo al mínimo la presencia digital. Los controles físicos dominan la escena, mientras que la pantalla central permanece oculta hasta que el conductor decide desplegarla.

El volante de cubo fijo y el cuadro de instrumentos analógico son el corazón de esta propuesta. Desarrollados junto a maestros relojeros suizos, combinan precisión mecánica, materiales nobles y una estética que celebra la belleza de lo mecánico. Un interior que no sigue tendencias, sino que reafirma la identidad de Bugatti mirando al futuro con los pies firmemente anclados en su historia.