La Silberstraße, o Ruta de la Plata, es un corredor histórico de 140 kilómetros que atraviesa los Montes Metálicos de Sajonia, al sureste de Alemania. Más que una carretera, es una red de antiguos caminos comerciales que desde el siglo XII conectaron centros mineros, ciudades imperiales y rutas de intercambio. En invierno, este trayecto revela con claridad cómo el paisaje, la historia y la economía de la región siguen estrechamente ligados.

El recorrido comienza en Zwickau, una ciudad marcada por la industria y la manufactura. Desde ahí, la ruta se interna en bosques de abetos y hayas que durante siglos proporcionaron la madera necesaria para sostener túneles mineros y, más tarde, una nueva economía basada en la carpintería. En los alrededores de Hartenstein, antiguas minas hoy convertidas en museos recuerdan que fue aquí donde, hace más de 800 años, el descubrimiento de plata transformó Sajonia en uno de los territorios más prósperos de Europa. En el siglo XVI, esta zona llegó a ser la principal fuente de plata del continente.
Uno de los puntos clave del trayecto es Schwarzenberg, ciudad medieval que combina arquitectura histórica con una larga tradición industrial. Desde finales del siglo XIX se fabrican aquí herramientas de gran escala, actividad que hoy continúa bajo el nombre de Porsche Werkzeugbau, una división especializada en la creación de moldes y herramientas de alta precisión para la industria automotriz.

Más al sur, cerca de la frontera con la República Checa, se encuentra Seiffen, conocida como el “pueblo del juguete” y considerada la capital no oficial de la Navidad alemana. La localidad es famosa por su artesanía en madera: figuras, cascanueces y pirámides navideñas que surgieron cuando los antiguos mineros adaptaron sus habilidades al trabajo artesanal tras el agotamiento de los yacimientos. Talleres como el de Richard Glässer mantienen procesos manuales que se han transmitido por generaciones.
El viaje continúa hacia Freiberg, centro histórico de la minería sajona, y culmina en Dresden, donde el Striezelmarkt —uno de los mercados navideños más antiguos del mundo— ocupa la plaza principal frente a edificios barrocos financiados, en su momento, por la riqueza minera de la región.
