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Motor de arranque: Carplay, Android Auto o el Sistema de tu auto ¿cuál prefieres?

Todos quieren pantallas en su auto, entre más, mejor. Pero, ¿es fácil acostumbrarse a su uso? ¿prefieres la interfaz de tu teléfono?

Motor de arranque: Carplay, Android Auto o el Sistema de tu auto ¿cuál prefieres?

Es una realidad: hoy nadie quiere comprar un auto que no tenga pantalla para el sistema de entretenimiento. De hecho, encontrar uno que no la tenga no será tan simple, incluso en la base de la pirámide de precios. Pese a esa exigencia, el consumidor en general -no solo en México- no tiene la costumbre de probar esa pantalla y asume que con tenerla ya es suficiente. Pero tener una pantalla no significa que vayamos a estar contentos con ella. Vaya, de hecho en muchos casos ni siquiera sabemos cómo funciona. En otros conocerla y usarla puede representar un peligro debido al mal diseño del sistema. En otras la intención de hacerla verse bien, de parecer más tecnológicamente más avanzada, puede generar justo lo que no se desea: distraer al conductor.

Hay básicamente cuatro formas de interactuar con el sistema de Info entretenimiento de nuestro auto: por pantalla táctil, por voz, por gestos o a través de un mando central. Ninguna es, obviamente, perfecta. Los sistemas por comando de voz siguen perfeccionándose, pero aún ocurre que pidas que marque a Juan Pérez y te conteste: “Marcando a Pedro Sánchez”. Y no sé si pase a muchos, pero en mi caso me siento como un idiota hablando a un auto.

Los gestos son aún recientes. BMW por ejemplo los usa y si queremos subir el volumen del estéreo, basta apuntar a la pantalla y girar el dedo indicador en el sentido horario para subir el volumen o al revés para bajarlo. Para quien habla gesticulando como yo... comprenderé, puede generar mandos involuntarios que producirán desconcierto cuando menos lo necesitas.

También es de BMW la idea de usar un mando central, el i-Drive, que implica una coordinación entre la mano y el ojo que debería ser usada solo para conducir el auto, no para interactuar con la pantalla. Marcas como Mazda adoptaron el mismo poco adecuado sistema.

Los teléfonos y los favoritos

El sentido común indica que lo ideal es el sistema más simple, fácil de ver, entender e interactuar. Por eso la mayoría prefiere los sistemas que mandan la información del teléfono a la pantalla del auto, haciendo que ese sea un ambiente con el que se está más familiarizado. Según una encuesta hecha por Consumer Reports con 73 mil usuarios, la gran mayoría prefiere, en este orden: CarPlay, Android Auto y luego los sistemas de los autos. Entre esos los favoritos son los de las marcas estadounidenses, considerados simples y que generan menos distracciones. Génesis también recibió muy buenas opiniones. Los de las marcas Acura, Lexus, Honda, Toyota e Infiniti fueron los menos favorecidos por los usuarios. Mercedes-Benz tampoco quedó bien parado, aunque los más acostumbrados a la tecnología les parezca deslumbrante el elaborado MBUX de la marca de la estrella.

Tesla también es considerado simple, pero tiene una complicación importante que es poner todos los ajustes en la pantalla, incluso algunos como el de los retrovisores o del volante, se encuentran en algún menú escondido de su inmensa pantalla.

Otro detalle importante es la diferencia de la velocidad de adopción de la tecnología de los países desarrollados comparados a los demás. Los sistemas más complejos necesitan mapas más ampliamente digitalizados y precisos, cosa con la cual no contamos nosotros cuando nos miramos frente a EUA, Europa o Japón. Seat, por ejemplo, ya utiliza a Amazon Alexa para funciones de su coche, pero irónicamente aun siendo una marca teóricamente española, Alexa solo está disponible en inglés y alemán.

Como obviamente es imposible hacer un sistema que funcione bien para todos, menos si vivimos en América Latina, lo más recomendable es que a la hora de hacer una prueba de manejo de un auto también tomemos en cuenta qué tan bien nos llevamos con su sistema de información y entretenimiento, algo que puede transformar la convivencia con un coche en algo más placentero o en una pesadilla, incluyendo la posibilidad de graves accidentes.

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