Volkswagen atraviesa una de las mayores crisis internas de los últimos años. Oliver Blume, CEO del grupo alemán, enfrenta una fuerte oposición de trabajadores y accionistas mientras intenta conseguir respaldo para un agresivo plan de reestructuración que contempla miles de recortes de empleos y posibles cierres de plantas.
La información fue publicada por Reuters, que señala que el conflicto llegará nuevamente al consejo de supervisión de Volkswagen el próximo 4 de septiembre, después de que Blume no consiguiera el respaldo necesario durante la reunión de julio.
El enfrentamiento se intensificó esta semana, cuando el CEO inició una gira por las plantas alemanas de Volkswagen para explicar su estrategia y buscar apoyo entre los trabajadores. Su primera parada fue Wolfsburg, donde habló ante más de 10,000 empleados.

Sin embargo, el recibimiento estuvo lejos de ser favorable. De acuerdo con fuentes citadas por Reuters, Blume fue abucheado durante su discurso, mientras los trabajadores mostraron pancartas con mensajes de rechazo a los recortes.
La tensión también llegó al consejo de supervisión. Representantes laborales y el gobierno del estado de Baja Sajonia, uno de los principales accionistas de Volkswagen, prepararon propuestas alternativas para la recuperación de la compañía. El contenido de estos planes todavía no ha sido revelado.
Blume sostiene que Volkswagen necesita reducir radicalmente sus costos y complejidad para enfrentar la creciente competencia de fabricantes chinos, los aranceles y la caída en la demanda de vehículos.
El ejecutivo incluso ha planteado que podrían ser necesarios hasta 50,000 recortes de empleos, una cifra que prácticamente duplica los programas de reducción de personal ya acordados con los sindicatos.
La posibilidad de cerrar fábricas es uno de los puntos que más rechazo genera. La líder laboral Daniela Cavallo reiteró que las plantas alemanas son una parte fundamental del grupo y advirtió que los trabajadores se opondrán a una estrategia basada exclusivamente en despidos y recortes.

Blume, por su parte, aseguró que ningún cierre ha sido decidido y calificó esta medida como el último y más costoso recurso.
Volkswagen ya enfrenta un escenario complicado. La producción en su planta de Osnabrück podría terminar desde el próximo año, mientras que Emden, Zwickau, Neckarsulm y Hannover carecen actualmente de perspectivas claras de producción después de 2030.
El próximo 4 de septiembre será clave para determinar si Blume consigue finalmente el respaldo necesario o si la batalla interna dentro de Volkswagen se profundiza todavía más.