De acuerdo con información de Reuters, los fabricantes alemanes de autos enfrentan un dilema estratégico que puede definir su futuro global. Para Oliver Zipse, consejero delegado de BMW, cerrar la puerta a China —el mayor mercado automotriz del mundo— sería un error con consecuencias económicas de largo alcance.
Zipse hizo estas declaraciones antes del primer viaje oficial a China del canciller alemán Friedrich Merz, una visita que será seguida de cerca por la industria y los mercados. El CEO de BMW formará parte de la delegación empresarial que acompañará al mandatario, en un momento en el que Europa redefine su relación con su principal socio comercial en Asia.

El viaje de Merz ocurre semanas después de una visita similar del primer ministro británico Keir Starmer, y en medio de un entorno internacional marcado por tensiones comerciales impulsadas por el presidente estadounidense Donald Trump. Para Zipse, los grandes desafíos globales no se resuelven desde el aislamiento, sino a través del diálogo y la cooperación.
Aunque Berlín reconoce a China como un socio clave, también ha advertido sobre los riesgos de una dependencia excesiva. Aun así, el directivo de BMW considera que ignorar el tamaño, la velocidad de innovación y el potencial del mercado chino implica renunciar a oportunidades decisivas para el crecimiento y la competitividad internacional.
Marcas como Volkswagen y Mercedes-Benz han visto caer sus ventas en China, un mercado que durante años impulsó sus ganancias. La intensa guerra de precios en vehículos eléctricos, alimentada por fabricantes locales con fuerte apoyo estatal, ha expuesto además el rezago de los grupos tradicionales en software, electrificación y conducción autónoma.
Pese a ello, las empresas alemanas registraron en 2025 su mayor nivel de inversión en China en cuatro años.