La promesa de la movilidad autónoma vivió uno de sus momentos más incómodos en San Francisco. Un apagón masivo dejó fuera de servicio a los robotaxis de Waymo, que literalmente se congelaron en plena circulación, bloqueando calles y generando caos vial en una de las ciudades más tecnológicas del mundo.
El corte de energía, atribuido por PG&E a un incendio en una subestación eléctrica, afectó en su punto máximo a cerca de 130 mil clientes. Semáforos apagados, tiendas cerradas y transporte público interrumpido marcaron un sábado complicado en plena temporada alta de compras. Entre los principales “afectados” estuvieron los vehículos autónomos de Waymo, el servicio de taxis sin conductor de Alphabet.
Videos difundidos en redes sociales mostraron varios autos detenidos a mitad de la calle, con las intermitentes encendidas, incapaces de reaccionar ante intersecciones sin semáforos y un flujo constante de peatones cruzando libremente. Para muchos, fue la imagen más clara de los límites actuales de la conducción autónoma.

En entrevista con el sitio Fortune, Michele Riva, ingeniero en inteligencia artificia declaró que viajaba en un Waymo cuando ocurrió el apagón. El auto siguió avanzando en zonas poco transitadas, pero se detuvo de forma abrupta frente a una intersección muy congestionada y sin semáforos, a solo un minuto de su destino. Sin aviso previo y sin respuesta rápida del soporte.
Para el domingo, Waymo pausó su servicio en el Área de la Bahía, afectando al menos a siete ciudades, mientras los equipos trabajaban en coordinación con autoridades locales. Aunque el incidente fue incómodo, Riva lo resume con pragmatismo: ante la duda, la seguridad manda.
Como contraste, Elon Musk aseguró que los robotaxis de Tesla no se vieron afectados. El episodio deja una lección clara: la tecnología avanza rápido, pero la ciudad real siempre tiene la última palabra.