
En el Castillo del Valentino se presentó el Lancia 12 HP Alfa, un modelo que no solo fue el debut oficial de la marca, sino también el reflejo de la visión y talento de su fundador, Vincenzo Lancia.
Con apenas 26 años, Vincenzo ya había brillado como piloto, ingeniero y supervisor de producción en Fiat. Sin embargo, su ambición lo llevó más lejos: crear su propia marca y plasmar innovaciones técnicas que transformaran la movilidad.
El 12 HP Alfa fue el resultado de ese sueño, un vehículo que rompía esquemas con su chasis bajo y ligero, además de una transmisión por cardán, mucho más avanzada que las cadenas que dominaban la época.
El motor de cuatro cilindros en línea de 2,544 cm³ y 28 caballos de fuerza le permitía alcanzar los 90 km/h, una cifra sobresaliente para aquellos años. Su versatilidad también fue clave: se ofreció en distintas carrocerías, desde Doble Faetón y Coupé de Lujo hasta Landaulet y Limusina. El éxito fue inmediato, con 100 unidades producidas, varias exportadas a mercados exigentes como Gran Bretaña y Estados Unidos.
El apellido “Alfa” llegaría tiempo después gracias a Giovanni, hermano de Vincenzo y profesor de lenguas clásicas, quien sugirió bautizar los modelos siguiendo el alfabeto griego. Así nacía una tradición que acompañaría a los primeros pasos de la marca.
Pero el 12 HP Alfa no solo inauguró una historia comercial: también sentó las bases de la pasión deportiva de Lancia. Se fabricó una versión con chasis más corto para competir, iniciando la estrecha relación de la firma con el automovilismo. Vincenzo, además, seguiría compitiendo como piloto hasta 1909, y fue incluso quien colocó la primera piedra del Circuito de Monza, símbolo de su legado en la competición.
El Lancia 12 HP Alfa fue el inicio de una filosofía de innovación, elegancia y deportividad que marcó el ADN de la marca italiana y abrió el camino de una leyenda que perdura hasta hoy.