Hoy se celebran 25 años del martes 11 de septiembre de 2001, una fecha que cambió por completo al mundo, pero tal vez una de las áreas que más atención y afectaciones tuvo fue la de la aviación, pues los terroristas que se realizaron los atentados esa mañana utilizaron aviones para impactar las Torres Gemelas, en Nueva York, y el Pentágono, en Washington D.C.
El caos generado esa mañana obligó a que todos los aviones que estaban en vuelo en Estados Unidos fueran mandados a tierra de inmediato, cientos de aeropuertos en el mundo tuvieron que parar operaciones y muchísimos vuelos se cancelaron. Nadie sabía que había pasado y cómo se habían podido secuestrar cuatro aviones, para usarlos como proyectiles.
Tras un análisis, se crearon nuevos protocolos para antes de que cualquier pasajero aborde un avión en prácticamente cualquier aeropuerto del mundo.

¿Cómo cambió el 11-S los viajes en avión?
Lo primero que sucedió fue el aumento de revisiones de seguridad a los equipajes y pasajeros, colocando más arcos detectores de metales, enormes escáneres para pasar todas las maletas, y con ello, también se obligó a las personas a llegar 3:00 horas antes de la salida del vuelo, en el caso de viajes internacionales y 2:00 horas en el caso de los nacionales.
Este tiempo extra es utilizado por las autoridades para revisar los antecedentes de los pasajeros, en el caso de los viajes internacionales, la lista debe compartirse con el país al que llegará el vuelo.
Además de ello, la revisión más exhaustiva a los pasajeros, crea (en muchas ocasiones) largas filas para pasar los filtros de seguridad, donde también se instalaron escáneres corporales, para revisar que no se lleve nada oculto debajo de la ropa.
Y con este incremento en las revisiones, también vino la prohibición de personas que no fueran pasajeros con un boleto en mano en las salas de última espera o en las cercanías de una zona de abordaje. También se reforzó la presencia de cámaras de seguridad en cada rincón de las terminales, con un aumento de personal para análisis visuales de pasajeros.

En Estados Unidos se creó la TSA (Administración de Seguridad en el Transporte) que es prácticamente el órgano que dicta las reglas de seguridad que se deben seguir en los aeropuertos.
Se prohibió portar armas y navajas, o cualquier otro objeto que la autoridad pueda considerar peligroso, como sogas, cintas adhesivas o tubos. Poco tiempo después, también se restringió portar líquidos en una porción mayor a 100 mililitros en el equipaje de mano (el que se lleva en la cabina).
Las aerolíneas tuvieron que blindar la puerta de la cabina de los pilotos, al tiempo que se generaron también protocolos de reacción ante un secuestro, con el que se capacita a los asistentes de vuelo (sobrecargos) y pilotos.
Un par de años más tarde, otro terrorista ocultó una bomba en el tacón de su zapato, misma que falló se incendió y delató al atacante en medio del vuelo, lo que derivó en un protocolo más, el que tener que quitarse los zapatos y pasarlos por el mismo escáner que las maletas.
Hace 25 años la forma de viajar en avión cambió, lo hizo más seguro, pero al mismo tiempo lo convirtió el acto de abordar un vuelo en un proceso que puede tardar más de un par de horas.
