Si hay una marca que ha defendido la continuidad del motor de combustión interna más allá de la próxima década, esa es BMW, una compañía que lleva décadas siendo famosa por sus propulsores y que, en el mismo nombre indica su amor por estas máquinas, así que ha estado trabajando en mejoras y evoluciones que la llevaron a lanzar el sistema BMW M Ignite para el motor L6 3.0L turbo.
Esta tecnología fue desarrollada en el mundo de las carreras y tiene un funcionamiento específico para cuando se quiere exprimir el máximo rendimiento en entrega de potencia y su funcionamiento es más simple de lo que parece (aunque lleva ingeniería de alto nivel).

En un motor de cuatro tiempos el motor introduce gasolina y aire, lo comprime y mediante la chispa de la bujía, se enciende esta mezcla y esa explosión empuja el pistón hacia abajo, generando el movimiento hacia las ruedas.
Con el BMW M Ignite, la firma alemana colocó una pequeña cámara en el motor (justo en el centro de la cabeza del pistón), donde se genera una explosión previa que lanza las llamas a gran velocidad (BMW afirma que alcanzan la velocidad del sonido) hacia la cámara de combustión principal para garantizar que todo el combustible se queme y, con ello, se aproveche bien el poder de la gasolina, reduciendo el consumo de carburante, sin perder potencia (entre 480 y 550 hp, dependiendo del modelo).
A este motor, también se le agregó una nueva configuración de la compresión del motor, que ahora es mayor, además del uso de turbocargadores de geometría variable, para poder aprovechar su uso desde bajas revoluciones.

Con ello, las emisiones contaminantes también se reducirán, al tener menos residuos de gasolina sin quemar y una temperatura más baja en los gases, lo que permitirá que este propulsor cumpla con la nueva normativa Euro7, que entrará en vigor en noviembre de este año.
BMW confirmó que en julio de este año comenzará a montar este propulsor en los M3 y M4, mientras que llegará al M2 en agosto próximo.